Un pequeño gran cambio.

Un pequeño gran cambio.

Desde que tenía 12 años, empecé a interesarme por ayudar a las personas más cercanas, realizando pequeñas acciones en mi día a día, pero no fue hasta los 15, cuando realicé mi primer voluntariado.

Esto fue algo muy gradual, participando con mi grupo de amigos en aquellas actividades más cercanas.

Al principio fue cada mucho tiempo y pequeñas actividades de no más de un par de horas.

 

Poco a poco fui descubriendo la diversidad de actividades que existían, tras una mudanza a una ciudad más grande y con más oportunidades, lo que me llevó a decidir dedicar parte de mi tiempo  a otras personas. Las historias que me encontraba me hacían ver una realidad muy diferente a la que estaba acostumbrada, mi forma de pensar en pocos meses cambió bastante y aprendí mucho de esas personas que veía cada fin de semana. 

Tenemos la suerte de vivir en una sociedad mayoritariamente acomodada, y salir de ese círculo social nos permite aprender y darnos cuenta de la oportunidad que tenemos de ayudar. 

 

Poco a poco fui haciendo voluntariados con mayor duración y mayor compromiso, tanto con jóvenes como con personas mayores.

Algo que destacaría en mis voluntariados con jóvenes es la satisfacción de apreciar la consecución de sus objetivos así como la recuperación de la confianza en ellos mismos, jóvenes que habían perdido las sonrisas, volvieron a sonreír y a plantearse nuevos objetivos a largo plazo.

 

Por otro lado, las personas mayores, tan agradecidas ellas por dedicarles tu tiempo, muchas te contaban historias de su juventud o las diferentes aficiones que habían tenido, descubrimos más de un experto, que nos enseñó muchas cosas. 

Deberíamos escuchar más a nuestros mayores…

 

Después de estas experiencias quise lanzarme a algo más grande o donde pudiese aportar algo más. 

Iba con la mochila llena de ganas, recordar todas esas historias y sonrisas animaba mucho, pero también había muchos miedos de pasar una temporada( día y noche ininterrumpidos) con un grupo de personas en una situación que era desconocida para todos. 

Pasadas las primeras horas y después de conocernos todos, los miedos desaparecieron y os puedo asegurar que es el voluntariado que más me ha marcado. 

 

Hay sonrisas que no se olvidan y esas se llevan en el corazón. Fueron unos días de muchas risas, no fue un voluntariado fácil pero si muy muy bonito. Lo repetiría sin duda. Tras terminar ese verano, ya estaba pensando en el verano siguiente, contemplando incluso  la opción de hacer el mismo voluntariado.


 

Con la llegada del Covid-19, todas estas acciones se vieron afectadas, tanto las de larga como las de corta duración.

Pero era el momento de ayudar, incluso más que otros momentos y lo hice con aquellas más cercanas, mis vecinos

A la mayoría de ellos, sobre todo a los de mi portal les ayudaba con algo de compra que les dejaba en el felpudo, evitando así que salieran a la calle, en otros casos muchos viven solos y simplemente preguntarles cómo se encontraban y cómo habían pasado el día era suficiente para mejorar su situación.

 

En ningún momento pensé que este verano fuese posible hacer un voluntariado pero me llegó uno muy interesante, en un pueblo muy chiquitito que además con esta situación apenas tenía visitantes. 

El recibimiento que tuvimos y lo que pudimos aportar en 15 días al pueblo fue increíble, que durante esos días tuvo vida, risas, chavales correteando por las calles, hablando e interesándose por las personas y las costumbres de la zona. 

 

Ya estoy pensando en todo lo vivido este año y en el próximo verano, tengo claro que en cuanto la situación lo permita realizaré un voluntariado fuera de España. Además, quiero seguir realizando pequeñas acciones que hacen mucha falta a lo largo de este año.

Os animo a los que ya habéis hecho un voluntariado a seguir realizando, probad nuevas temáticas y nuevos lugares, y los que nunca habéis realizado uno animaros, no pasa nada si vais solos, no sois los únicos y veréis lo bien que os sentís.